Interpretación de los contratos

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Interpretación de los contratos

Notapor maximontani » 25 Feb 2008, 21:46

Artícola 217.- Las palabras de los contratos y convenciones deben entenderse en el sentido que les da el uso general, aunque el obligado pretenda que las ha entendido de otro modo.

Artícola 218.- Siendo necesario interpretar la cláusula de un contrato, servirán para la interpretación las bases siguientes:
1. Habiendo ambigüedad en las palabras, debe buscarse más bien la intención común de las partes que el sentido literal de los términos;
2. Las cláusulas equívocas o ambiguas deben interpretarse por medio de los términos claros y precisos empleados en otra parte del mismo escrito, cuidando de darles, no tanto el significado que en general les pudiera convenir, cuanto el que corresponda por el contexto general;
3. Las cláusulas susceptibles de dos sentidos, del uno de los cuales resultaría la validez, y del otro la nulidad del acto, deben entenderse en el primero; Si ambos dieran igualmente validez al acto, deben tomarse en el sentido que más convenga a la naturaleza de los contratos, y a las reglas de la equidad;
4. Los hechos de los contrayentes, subsiguientes al contrato, que tengan relación con lo que se discute, serán la mejor explicación de la intención de las partes al tiempo de celebrar el contrato;
5. Los actos de los comerciantes nunca se presumen gratuitos;
6. El uso y práctica generalmente observados en el comercio, en casos de igual naturaleza, y especialmente la costumbre del lugar donde debe ejecutarse el contrato prevalecerán sobre cualquier inteligencia en contrario que se pretenda dar a las palabras;
7. En los casos dudosos, que no puedan resolverse según las bases establecidas, las cláusulas ambiguas deben interpretarse siempre en favor del deudor, o sea en el sentido de liberación.


1. Correlatividades. Art. 1198 Cód.Civ. Arts. 10, 37 y 38 L.D.Cons. Art. 8 C.V.

2. Las reglas de interpretación de los contratos comerciales. Los arts. 217/220 Cód.Com. fijan las reglas a las que debe someterse la interpretación de los contratos comerciales. Dichas normas se inspiran en las pautas hermenéuticas propuestas por Pothier, luego incorporadas al Código Napoleón y a los códigos dictados bajo su influjo, entre ellos nuestro Cód.Com. No obstante, al sancionarse posteriormente el Cód.Civ., el codificador civil omitió toda referencia a la interpretación de los contratos. Recién la reforma de la Ley 17.711 incluyó una norma general – el art. 1198, primera parte- que impone a los contratantes una conducta ajustada al estándar de la buena fe en la celebración, ejecución e interpretación de los contratos. El recurso a la analogía previsto en el art. 16 Cód.Civ. e, inversamente, la aplicación supletoria de las normas del código civil a los contratos comerciales dispuesta por el art. 207 Cód.Com., determina que, a partir de la Ley 17.711, tanto en la interpretación de un contrato civil como comercial, deben operar, conjuntamente, la regla general del art. 1198 Cód.Civ. y las directivas particulares contenidas en los arts. 217/220 Cód.Com. Recogería así nuestro derecho privado la influencia de los dos modelos de regulación de la materia en el derecho comparado: aquellos que prevén una serie de reglas de índole analítica (Códs.Civs. francés, italiano y español) y aquellos otros que se limitan a consagrar reglas sintéticas y generales (Cod.Civ. alemán, Contract Code de Mc Gregor) .

3. Criterios interpretativos. Prelación. Se dice que la interpretación es "subjetiva" (doctrinas subjetivistas o voluntaristas) cuando se dirige a averiguar la intención común de los contratantes y es "objetiva" (doctrinas objetivistas o declaracionistas) cuando se pretende atribuir a la declaración contractual un significado derivado de datos objetivos, con independencia de lo que los declarantes pudieran querer . En el Cód.Com. coexisten ambos criterios, advirtiéndose la impronta subjetiva en los incisos 1° y 3° del art. 218 y remitiéndose a pautas predominantemente objetivas las restantes normas. Lo expuesto se vincula también con el eventual orden de prelación de ambos criterios hermenéuticos. En general se sostiene –con anclaje en la teoría de la voluntad real- que primero debe investigarse la llamada intención común concreta de las partes y solo recurrirse a la interpretación objetiva cuando no se pueda desentrañar aquella . A su vez, la interpretación puede ser judicial, lo que ocurrirá habitualmente a partir de desinteligencias entre las partes respecto a las obligaciones emergentes del contrato, o también puede ser "auténtica", que es la llevada a cabo por las mismas partes, a través de un nuevo negocio jurídico. Ello sin perjuicio que la cuestión puede ser diferida a la decisión de un tercero o árbitro.

4. La buena fe. Según fuera señalado, el estándar de la "buena fe", con los alcances enunciados en el art. 1198 –primer párrafo- Cód.Civ., constituye la norma general abierta que debe regir la actividad del intérprete, aplicable en el ámbito de los contratos comerciales a mérito de la remisión dispuesta en el art. 207 Cód.Com. y por no advertirse –en razón de su propia generalidad- incompatibilidad con las reglas específicas contenidas en sus arts. 217/220. Si bien ambas versiones de la buena fe (objetiva o buena fe-lealtad y subjetiva o buena fe-creencia) resultan computables, sin duda prevalece su vertiente objetiva a la hora de interpretar un contrato. En esa línea se inscriben las iniciativas de unificación internacional de los contratos que han privilegiado el llamado "estándar de la razonabilidad", parámetro valorativo con raíces en el common law (la reasonableness o el reasonable man) y que guarda alguna correspondencia con su símil de derecho continental, de origen romano y ciertamente más genérico y elemental, que remite al bonus pater familias y con su versión mercantil o societaria del "buen hombre de negocios". Para la Convención de Viena sobre Compraventa Internacional de Mercaderías la interpretación debe hacerse según el sentido "que le habría dado en igual situación una persona razonable de la misma condición que la otra parte" (art. 8.2). Los Principios de UNIDROIT, en forma similar, refieren al sentido conferido por "personas sensatas" , colocadas en las mismas circunstancias. En igual sentido, los Principios del Derecho Europeo de los Contratos indican que "el contrato se interpreta de acuerdo con el significado que personas razonables en situación semejante a las partes, le hubieran atribuido en las mismas circunstancias" (art. 5101, apartado 3 y art. 1302).

5. La interpretación literal. El art. 217 Cód.Com. remite a "las palabras" de los contratos, según el sentido que les da el "uso general". Ello implica que el punto de partida de toda tarea hermenéutica pasa por el sentido literal de los términos utilizados en el contrato, lo cual presupone su redacción por escrito. En los contratos verbales la interpretación debe ir precedida de una tarea probatoria, de fijación de las declaraciones, cumplida la cual el principio de literalidad readquiere vigencia . La regla de la literalidad ha sido ha sido aplicada por la jurisprudencia sosteniéndose al respecto que "cuando el convenio es claro y preciso no puede ser modificado por interpretaciones sobre la base del espíritu de las cláusulas, intención presunta de las partes o las finalidades perseguidas, pues las palabras se corresponden en sí mismas con la realidad que designan y además, por regla general, traducen con fidelidad el pensamiento" . Aun cuando se ha propiciado que, en determinadas circunstancias, el intérprete pueda recurrir a cánones extratextuales, este apartamiento del principio de literalidad exige una expresa y adecuada fundamentación, en razón, precisamente, de su propia excepcionalidad.

6. La intención común. Cuando se ha fijado el sentido literal de una cláusula carece de interés interrogarse acerca de si una de las partes la entendió en modo distinto. Así lo determina en forma expresa el art. 217 Cód.Com. ("aunque el obligado pretenda que las ha entendido de otro modo"). Distinto es el caso en que todos los contratantes hayan entendido la declaración en un sentido común distinto pues aquí –según la regla del art. 218, inciso 1°, Cód.Com.- prevalece la intención común .

7. La interpretación sistemática. Preceptúa el art. 218, inciso 2°, Cód.Com. que el contrato debe interpretarse como una unidad, como un todo sistemático, considerando el significado que emerge del contexto contractual. Tal regla ha sido reiteradamente aplicada por la jurisprudencia señalándose que "el contrato ha de considerarse como un todo coherente y sus cláusulas han de interpretarse las unas por medio de las otras, atribuyendo a cada una el sentido que resulte del conjunto. Esto significa que cada cláusula arrancada del conjunto y tomada en sí misma puede tener un significado inexacto y que solamente la correlación armónica de cada una con las otras y de la luz que se proyectan armónicamente, surge el significado efectivo de cada una y de todas, tomadas en conjunto. Un contrato no es una suma de cláusulas, sino un conjunto orgánico" . La interpretación contextual no refiere sólo a las diversas cláusulas de un mismo contrato sino que incluye la relación entre varios contratos que integren una unidad negocial compleja .

8. La conservación del contrato. El art. 218, inciso 3°, Cód.Com. consagra el principio favor negotii y obliga al intérprete a optar por la solución que importe mantener la validez del contrato, cuando la cláusula en cuestión posibilite arribar a la solución contraria, o sea a su invalidez. Esta es la solución adoptada por los proyectos de unificación internacional de los contratos y así los Principios de UNIDROIT establecen que "las cláusulas de un contrato se interpretarán en el sentido de que todas produzcan algún efecto, antes que privar de efectos a alguna de ellas" (art. 4.5). En igual sentido se expiden los Principios del Derecho Europeo de Contratos indicando que "se debe preferir la interpretación de las cláusulas de un contrato que las haga lícita y efectivas frente a la que las haría ilícitas y ineficaces" (art. 5106). La jurisprudencia ha hecho también aplicación del principio y así, en materia societaria, se ha propiciado un criterio restrictivo en la declaración de nulidad de decisiones asamblearias, con fundamento en la regla del art. 218, inciso 3°, Cód.Com. .

9. La naturaleza del contrato. La equidad. Otra pauta hermenéutica contenida en el art. 218, inciso 3°, Cód.Com. es la que exige atenerse al "sentido que más convenga a la naturaleza de los contratos" y a la "reglas de la equidad". Según ello, el interprete debe tener primordialmente en cuenta la función económico social y el tipo elegido por las partes. Debe verificar, en primer lugar, si el acuerdo en su estructura general constituye un contrato de cambio o asociativo para luego recurrir al tipo contractual adoptado con el fin de interpretar las cláusulas oscuras de conformidad al mismo . Finalmente, el recurso a la equidad permitirá cerrar la labor hermenéutica obteniendo un resultado que atienda al equilibrio prestacional interno del propio contrato.

10. La conducta de las partes. El art. 218 (inciso 4°) Cód.Com. confiere relevancia hermenéutica a los hechos de los contratantes, posteriores a la celebración del contrato. La conducta asumida por las partes, en la etapa de ejecución del contrato, resulta decisiva a la hora de interpretarlo pues se trata de actos propios, reveladores de su real intención, a veces más elocuentes que las propias palabras (facta concludentia). Ello configura una suerte de interpretación auténtica del contrato. Nuestro ordenamiento alude sólo a los hechos "subsiguientes al contrato", sin incluir a las conductas precedentes. En los proyectos y convenciones sobre unificación internacional de los contratos se tratan, separadamente, las dos situaciones y se erige en canon interpretativo autónomo "las negociaciones preliminares" (art. 8, inciso 3, Convención de Viena sobre Compraventa Internacional; art. 4.3 de los Principios de UNIDROIT y art. 5.102, inc. a), de los Principios del Derecho Europeo de los Contratos). En nuestro derecho, el recurso al período precontractual como pauta hermenéutica podrá realizarse, en todo caso, por conducto del art. 1198 Cód.Civ. en tanto dicha norma somete también a la etapa de "celebración" del contrato a la exigencia de la buena fe. La regla de la interpretación fáctica ha sido reiteradamente aplicada por la jurisprudencia, a veces remitiéndose también a la doctrina de los propios actos, señalándose que "el modo y la forma en que las partes ejecutan el contrato es la prueba más concluyente que puede tenerse acerca de la verdadera intención contractual, pues constituye la traducción en los hechos de aquello que resulta dudoso en la palabra" .
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